AIDA es una de las estructuras de copywriting más viejas (tiene más de un siglo) y sigue vigente porque describe algo que no cambió: el camino mental que recorre alguien antes de actuar. Atención, Interés, Deseo, Acción.
Atención
Tenés menos de tres segundos antes de que alguien decida seguir leyendo o irse. La atención no se gana con un dato genérico, se gana con algo específico que interrumpe el scroll: una cifra concreta, una afirmación que contradice lo esperado, una pregunta que ya se hicieron.
Interés
Una vez que parás el scroll, tenés que sostenerlo. Acá es donde entra el "por qué te importa": no describís el producto, describís la situación del lector de forma tan precisa que sienta que le estás hablando a él en particular.
Deseo
El interés te lleva a leer una línea más. El deseo te lleva a querer el resultado. La diferencia está en pasar de "esto suena bien" a "yo quiero eso": mostrar el resultado concreto, no la lista de características.
Acción
Un CTA débil arruina las tres etapas anteriores. "Conocé más" no le pide nada específico al lector. "Reservá tu lugar" o "Empezá gratis" sí.
AIDA en cuatro líneas
Atención: "El 90% de los emails de bienvenida se abren una sola vez."
Interés: "El tuyo probablemente también, si no tiene un motivo para que lo abran de nuevo."
Deseo: "Con una secuencia de tres emails bien armada, ese primer contacto se convierte en el lector que abre todo lo que mandás."
Acción: "Armá tu secuencia de bienvenida hoy."
Como con cualquier estructura, la parte difícil no es entenderla, es aplicarla en blanco. Partir de un framework con los cuatro bloques ya armados, y completar cada uno por separado, es lo que convierte la teoría en un borrador real en minutos.