Google Docs es una herramienta de colaboración y edición formal excelente. El problema es que esas mismas fortalezas (comentarios en tiempo real, control de cambios, formato flexible) son fricción cuando lo que necesitás es escribir un primer borrador sin interrupciones.
Dónde Google Docs gana
Cuando varias personas editan el mismo documento en simultáneo, cuando necesitás control de versiones robusto para un contrato o un documento legal, o cuando el formato final tiene que ser exactamente el que ves en pantalla, Google Docs sigue siendo la herramienta correcta.
Dónde un editor minimalista gana
Para el primer borrador de un guion, un copy o un artículo, la interfaz de Google Docs (barra de herramientas, reglas, comentarios flotando en el margen) agrega decisiones visuales que no aportan nada en esa etapa. Un editor sin distracciones reduce la pantalla a lo esencial: el texto y, cuando lo pedís, señales sobre cómo mejorarlo.
La diferencia real no es visual, es de comportamiento
Un editor pensado para escribir (no para formatear documentos) mide cosas que a Google Docs no le importan: legibilidad oración por oración, ritmo, tiempo estimado de lectura. Esa retroalimentación en tiempo real es la que falta en un procesador de texto genérico.
Lo ideal: usar cada uno para lo que sirve
Escribir el primer borrador en un espacio sin distracciones, con frameworks guiados si hace falta arrancar, y recién después exportarlo a Google Docs (o directo a WordPress, Substack o Medium) para la etapa de revisión colaborativa, evita cargar todo el proceso creativo con herramientas pensadas para otra cosa.